lunes, 14 de julio de 2008

Osvaldo, un ejemplo de superación y Fe

Le costó el doble, pero está apunto de lograrlo. La vida le dio una tarea muy difícil, pero no siente rencor alguno, es más agradece a Dios el haberle otorgado metas más duras, para valorar cada detalle de su existencia. Es Osvaldo Briceño Heredia, quien a sus 32 años se ordenó diácono el pasado 28 de junio y en la actualidad se está preparando para recibir el grado de sacerdote en la diócesis de La Serena, lo que ocurrirá en los próximos seis meses. Él reconoce que ha sido un camino largo y lleno de obstáculos, especialmente por su dificultad física, lo que generó dudas en un comienzo, especialmente en Santiago, en donde no pudo ingresar al seminario cuando postuló a finales de la década de los noventa. Osvaldo para realizarse tuvo que superar la principal dificultad, el independizarse como persona. "Necesitaba no depender de alguien para moverme, alimentarme, vestirme. Por lo que luego de titularme de profesor de religión en la ex Universidad Blas Cañas (actual Universidad Católica Cardenal Raúl Silva Henríquez) me fui a trabajar como profesional en Combarbalá, lugar que me cambió la vida, ahí aprendí a vivir solo, ejercí mi profesión, hice cosas sin ayuda, arrendé una casa, y comencé a acercarme mucho más a la iglesia", relató.Fueron dos años de intensa labor profesional en establecimientos de la localidad de la provincia del Limarí, en donde se relacionó con sacerdotes y creó una estrecha relación con la comunidad. "Llegué el 2000 y estuve hasta diciembre del 2001, fue difícil cambiar Santiago a una ciudad mucho más pequeña, pero sin duda fue mi salto a la independencia, a desarrollarme como persona", sostuvo.A finales de aquel año, descubrió y decidió que su vocación sería el sacerdocio, por lo que postuló al seminario y quedó. Reconoce que en la zona se le abrió una puerta que antes estuvo un poco cerrada. "Antes faltaba confianza, tanto mía como de mis pares, habían elementos humanos que faltaban desarrollar, como la independencia, por lo que Combarbalá fue el paso para crecer humanamente, allí superé en parte mis limitaciones físicas", indicó.
Capacidad diferente
Briceño Heredia a las 12 horas de haber nacido, tuvo una parálisis cerebral, que le generó un problema en la parte del cerebro que controla los movimientos de la motricidad fina. Fue rehabilitado en la Teletón. "Fui parte de la primera generación en 1978. Desde ese momento estuve toda mi vida en controles médicos. Recuerdo que me operaron a los 10 años para arreglar un poco las piernas, me enseñaron a caminar luego de aquello. En este tipo de cosas uno ve las acciones de Dios. Yo, por ejemplo, soy feliz por ser capaz de abotonarme la camisa, las personas a veces pierden las proporciones y no aman la vida tal como es", reflexionó.Durante su juventud, estas capacidades diferentes hicieron dudar a Osvaldo en su deseo de ser sacerdote. Esas dudas luchaban contra el gran amor que sentía por la eucaristía y la entrega espiritual y social a las personas. "Pensaba que no sería capaz, especialmente por mi dificultad física, fue muy fuerte, pensaba que no podría levantar el cáliz, mover las botellitas de vino y de agua; son cosas que requieren minusiocidad y yo tengo problemas con mover cosas pequeñas. Obviamente la eucaristía requiere delicadeza en el trato de los ornamentos", explica. El futuro sacerdote reconoce que culturalmente se piensa que una persona con dificultad no podrá hacer bien las cosas y que por ende se le puede hacer difícil el ejercicio del ministerio, lo que también fue una dificultad.Debido a las grandes vallas que tuvo que superar, la pregunta que surge entonces, es de dónde nació su motivación por ser sacerdote. Osvaldo aseguró que "el bichito" venía desde pequeño ya que su familia es muy cristiana y comprometida con la religión. "Tuve dos tíos sacerdotes en distintas partes del país, pero más el vínculo viene por mis padres con la Iglesia. En la casa se bendecía la mesa todos los días, se rezaba, mi mamá nos daba la bendición antes de irnos al colegio, y todo eso me hizo descubrir mi vocación; primero como profesional y luego con una entrega completa en la vida consagrada".El diácono relata además que una de las cosas que más lo marcó en su vida fue el amor por la Eucaristía, y que el descubrir el valor y las riquezas de la misa, le entusiasmó a conocer más del Señor. "El compromiso pastoral, el trasmitir la fe a otros, me hicieron sentir que Dios me estaba llamando por algo más profundo, de entregarse las 24 horas del día. Ésa fue la motivación fundamental para ingresar y hacerme sacerdote de esta diócesis de La Serena, no de otra", finalizó Osvaldo.

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