María sufrió con Cristo, y se transformó en la madre de la humanidad
Foto reciente. Lamentablemente nuevamente habían pocos confirmantes...Esperamos que hoy a las 8 y media sean más los que participen.
El amor de DIOS no fue condicionado, y uds piden explicaciones por todas las cosas que hacemos, preguntan de que se trata, cuanto tiempo durará y otras mil preguntas mas.
Ojala que vengan y disfruten.
Nos vemos... A continuación la reflexión de Sábado Santo del Padre sj. Felipe Berríos
“Hemos de soñar sobre la misma almohada”
Hace mucho tiempo viví por algunos años en una comunidad jesuita en Tanzania, África del Este. Éramos pocos los jesuitas y todos de nacionalidades distintas y provenientes de cuatro continentes. Por un tiempo hubo un par de ellos que eran originarios de aquel país y conocían bastante gente por lo que solían invitar a muchos a comer a nuestra comunidad. Pero como nuestra comida en base de arroz comenzó a escasear y no era fácil conseguir más, acordamos restringir las invitaciones. Obviamente que se acordó también que los jesuitas tanzanios podían seguir invitando a sus parientes directos.
Sucedió que no disminuyeron demasiado las visitas y siempre que me topaba con un invitado el jesuita me lo presentaba en idioma swahili como “su hermano”, me llamaba mucho la atención que tuvieran tantos hermanos de edades semejantes y que no se parecían mucho. Aún siendo familias numerosas, esto era extraño. Hasta que capté que el sistema familiar es distinto al occidental. La familia es más bien la tribu que es mucho más extensa y abarca lo que nosotros llamamos primos y tíos de todos los grados. Tanto es así que en el idioma swahili ni siquiera existe una palabra equivalente a la palabra primo. Así que a todos los primos se les llama y se les trata como hermanos y por eso eran tan numerosos los “hermanos” invitados.Entonces para poder saber si el término hermano equivalía a lo que en castellano llamábamos hermano le tenía que preguntar al invitado ¿Na wewe tumbo moya? Es decir: ¿Tú eres del mismo vientre? Si me respondía afirmativamente, entonces para mí era hermano; de lo contrario, sería alguna categoría de primo. Tomé conciencia entonces de algo tan obvio que se me había pasado inadvertido y es que ser hermano significa compartir el mismo vientre o en otros casos, como por ejemplo quien ha sido adoptado, sería compartir el mismo corazón.
Esto es muy importante de meditar en un Sábado Santo en que rememoramos a Jesús muerto y enterrado en un sepulcro. Pues si el compartir el mismo vientre de la mamá nos hace hermanos, compartir el sepulcro, la muerte de Jesús, nos hace hermanos de Él. Se podría decir entonces que el sepulcro, la muerte, es como un “vientre” en que se nos hermana con el Señor. Qué gesto tan acogedor y de tanta ternura como que el Señor nos acoja en la muerte. El bautismo nos hermana sacramentalmente con Él, pero el bautismo lo hemos recibido un porcentaje pequeño de la humanidad. Sin embargo, la creación entera, la materia, el tiempo, el espacio y los seres vivos incluidos los humanos experimentaremos la muerte como el vientre que nos hermana a todos con Jesús.
En el sepulcro no hay excluidos. Qué consolador poder decirles esto a quienes han perdido un ser querido y que por diversas circunstancias les angustia qué pasará con ellos. Explicarles que Jesús es el único que murió de verdad y que estuvo solo en el sepulcro, todos los demás han muerto en Él y no han estado solos. La muerte es el bautismo abierto a toda la creación.
Así, en este Sábado Santo, con Jesús en el sepulcro, podemos transformar en oración los “Sonetos de la Muerte”, de Gabriela Mistral:
“Del nicho helado en que los hombres te pusieron,te bajaré a la tierra humilde y soleada.Que he de dormirme en ella los hombres no supieron,y que hemos de soñar sobre la misma almohada.”